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martes, 4 de marzo de 2014

México, Allende (Coahuila): Destrucción, desaparecidos y fosas comunes

Un viernes por la mañana un pequeño ejército del cartel de narcotráfico de Los Zetas llegó a bordo de 50 camionetas a la cabecera municipal de Allende, Coahuila, a unos kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Lista en mano, los hombres armados sacaron de casas y negocios a decenas de personas y se las llevaron a ranchos cercanos.
Luego regresaron y durante tres días se dedicaron a destruir, con equipo pesado, granadas o mazos, los inmuebles donde habían estado los secuestrados.
La revista Vice.com publica una investigación que pone al descubierto los orígenes de la destrucción de Allende, Coahuila, en donde los Zetas utilizaron Ranchos como campos de exterminio.
Esa primavera nada florecía, nadie respiraba. Fueron atardeceres de fuego intenso por venganzas del narcotráfico, noches de ciudades desoladas y amaneceres de ausencias. El tiempo transcurría vacío sin ellos. Comandos formados por decenas de sicarios quemaron casas, destruyeron familias y desaparecieron rastros de humanidad, incluidos inocentes que ahora son un recuerdo.
Allende está en ruinas. No existe tramo donde no haya casas destruidas. No hay nada que rescatar de las fachadas que aún parecen nuevas. No tienen puertas, ni ventanas. Pareciera que un torbellino, o algo más fuerte, arrasó con lo que había de vida.
En el centro de la ciudad deambulan hombres de sombrero, personas armadas y jóvenes en bicicleta que portan radios de comunicación y dan vueltas aturdidos en busca de extraños.
La tarde del viernes 18 de marzo de 2011 nunca se olvidará…
"El 18 de marzo de 2011, 50 camionetas tripuladas por soldados del narco irrumpieron en Allende. Testimonios dicen que los hombres tenían listas con los domicilios de las casas, negocios y ranchos que iban a saquear y destruir e incluso avisaron de eso al alcalde de ese entonces, Sergio Lozano, del PAN.
Los comandos llegaban a las casas y detenían a los que se encontraban. Se llevaban los objetos de mayor valor. Luego dejaban que los vecinos rapiñaran lo que había quedado. Había gente que se llevaba desde macetas hasta refrigeradores. Uno de los casos más recordados es el de un labriego que se llevó una sala de piel que tuvo que poner bajo un mezquite porque su tejabán era demasiado pequeño.
Una vez acabado el saqueo, Los Zetas demolían las casas. En algunos casos utilizaban granadas y en otras llegaban con mazos y máquinas de construcción. La policía participó en el ataque y el pillaje", con estas palabras describe el diario mexicano Vanguardia los sucesos de aquel día.
Desde entonces nada se sabe de quienes se llevaron Los Zetas. Apenas hace unas semanas la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) empezó a investigar el ataque, con un equipo de fiscales y policías que viajaron al sitio.
Lo que se encontró fueron evidencias de una masacre, le dice a BBC Mundo el periodista Diego Osorno, quien acompañó a los investigadores en sus pesquisas.
De acuerdo con vecinos de Allende, muchos de los secuestrados fueron asesinados y sus cuerpos desaparecieron en crematorios improvisados alimentados con diesel, aceite y otros combustibles. En el lenguaje de los carteles mexicanos a estos hornos se les llama "cocinas".
Se desconoce el número de víctimas, pero según los testimonios recabados por Osorno podrían ser cientos de personas, que se suman a la cifra oficial de 26.000 desaparecidos durante el gobierno que encabezó el expresidente Felipe Calderón.
En Allende, según ha dicho el gobernador Rubén Moreira, se recogieron 500 restos humanos han sido encontrados en tan sólo 10 días en fosas clandestinas localizadas en fincas privadas y públicas en el estado de Coahuila de Zaragoza, en el noreste de México, en el marco de la investigación emprendida para localizar a personas desaparecidas, pero no se sabe a cuántas víctimas pertenecen.
En el estado las autoridades y organizaciones civiles presumen que existen al menos 1.600 personas desaparecidas.
De esta masacre y otras de las que sólo existen rumores nada se supo durante años, pues al parecer hubo una decisión de Los Zetas para silenciar el asunto y evitar la presencia de marinos y soldados, explica el periodista.
"Coahuila en la guerra del narco ha sido como una de esas zonas de tregua, por eso no registrábamos estas masacres a diferencia del norte de Nuevo León y de Tamaulipas donde había una decisión de mostrar las atrocidades que hacían uno y otro bando para desmoralizar al contrario, o para generar pánico en la población y ganar su apoyo", explica Diego Osorno.
La duda de los motivos de la masacre la resuelven los vecinos supervivientes: Todo por Luis Garza y Héctor Moreno, que se robaron un dinero de Los Zetas.
Los dos están en Estados Unidos como testigos protegidos.
José Luis Garza Gaytán forma parte de la familia Garza que  llegó de Lampazos, Nuevo León. Los Garza no eran una familia rica, pero vivían bien gracias a la buena cantidad de tierra que poseían. Por su parte, Héctor Moreno Villanueva, pertenece a una familia que hizo dinero con una fábrica de hielo y una pequeña línea de transporte.
Por lo menos desde 2008, Garza Gaytán y Moreno Villanueva empezaron a trabajar con Los Zetas. En 2011 ambos habían escalado tanto que alcanzaron niveles importantes en el tráfico de cocaína a Estados Unidos Pass. Pero en marzo de 2011, rompieron con la banda.
Por ese motivo el fatídico día 18 de marzo de ese año sus antiguos socios tomaron el pueblo del que ambos eran oriundos para destruir sus propiedades y levantar a familiares, amigos e incluso, hasta, trabajadores.
"Decenas de personas apellidadas Garza, Gaytán, Moreno y Villanueva fueron llevadas al rancho que está en el kilómetro nueve de la carretera entre Allende y Villa Unión. También fueron llevados veladores, cocineros, sirvientas, albañiles y cuidadores de gallos que laboraban para sus familias. Estos ranchos de los Garza, de acuerdo con la investigación de la Subprocuraduría, fueron convertidos en un campo de exterminio donde Los Zetas mataron a los retenidos y después los incineraron clandestinamente en tambos de diesel", se puede leer en el reportaje de la revista digital Vice.com. 
Captura de la web Vice.com/es_mx
Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (FUUNDEC), una de las organizaciones civiles más activas en el tema, reúne a 300 familias organizadas "pero no es porque no haya más desapariciones sino porque el colectivo no puede seguir recibiendo más personas con este tipo de tragedia", le dice a BBC Mundo María Elena Salazar, quien desde hace casi cinco años busca a su hijo Hugo González Salazar.
La mayoría de las familias tiene varios desaparecidos, e incluso hay algunas que reportan hasta a veinte víctimas en un solo evento, añade.
"¿Dónde están los más de 26.000 desaparecidos que oficialmente se reconocen en México? Hasta ahora no hay respuesta porque las autoridades han demostrado poco interés en buscarlas", insiste María Elena Salazar.
Durante el gobierno de Calderón, cuando ocurrieron la gran mayoría de las desapariciones reportadas, fueron muy pocos los casos investigados, algo que Amnistía Internacional siempre ha calificado como "un fracaso".
La situación todavía se mantiene. Recientemente el secretario general del organismo, Salil Shatty, dijo que "no hay un solo caso en que haya habido justicia, verdad, en que se hayan rendido cuentas claras".

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